La farmacéutica Mercedes Usero desmonta el miedo al hantavirus: “Informar salva; alarmar confunde”
El virus Andes exige vigilancia, no histeria: la salud pública necesita rigor y planificación efectiva.
“No estamos ante otro COVID, pero sí ante otra prueba de rigor y madurez informativa junto a políticas efectivas”
Mercedes Usero, farmacéutica, analiza el brote de hantavirus asociado al crucero MV Hondius y explica por qué es importante informar con rigor, sin alarmismo y sin convertir la salud pública en ruido político.
Desde la redacción del periódico ACTUALIDAD BOADILLA entrevistamos a Mercedes Usero, farmaceutica, para que nos explique qué está pasando con , en el brote de hantavirus ocurrido en el crucero MV HONDIUS
P1. Mercedes, la pregunta que mucha gente se hace es inevitable: ¿esto puede ser otro COVID o estamos ante un brote grave pero muy distinto?
R: Estamos ante un brote serio, porque hay personas fallecidas y pacientes graves, pero no estamos ante otro COVID. Y esta diferencia es fundamental explicarla bien.
La COVID-19 fue una pandemia causada por un virus respiratorio con una enorme capacidad de transmisión comunitaria. El virus Andes, que pertenece al grupo de los hantavirus, tiene un comportamiento muy diferente. Su vía principal de transmisión no es la circulación masiva entre personas, sino el contacto con secreciones de roedores infectados: orina, heces o saliva. En el caso concreto del virus Andes sí se ha descrito transmisión entre humanos, pero normalmente tras contacto estrecho y prolongado, no por una exposición casual en la vida diaria. La OMS indica que la transmisión humano-humano es limitada e infrecuente, y el ECDC considera que el riesgo para la población general europea es muy bajo.
Yo diría que aquí hay dos riesgos distintos: el riesgo médico para quien desarrolla la enfermedad, que puede ser alto, y el riesgo poblacional, que ahora mismo se considera bajo. Confundir esas dos cosas es lo que genera miedo.

P2. Cuando se dice que el virus Andes puede transmitirse entre personas, ¿Qué significa exactamente? ¿Estamos hablando de contagio fácil?
R: No. “Puede transmitirse” no significa “se transmite fácilmente”.
En ciencia, las palabras importan mucho. El virus Andes es especial porque, a diferencia de la mayoría de hantavirus, sí tiene evidencia de transmisión entre personas. Pero la evidencia disponible apunta a situaciones de contacto cercano, prolongado o íntimo, por ejemplo convivencia, cuidados a una persona enferma, exposición a secreciones respiratorias o contacto estrecho durante la fase sintomática. El ECDC lo formula de forma muy clara: la transmisión persona a persona del virus Andes se ha documentado tras contacto estrecho y prolongado.
Por tanto, la frase correcta no es “hay un virus que se contagia como la gripe o como el coronavirus”. La frase correcta sería: hay un virus grave, con una capacidad limitada de transmisión entre personas en condiciones muy concretas.
Esa diferencia cambia completamente la percepción del riesgo.
P3. ¿Cuál es la diferencia científica más importante entre este hantavirus y el coronavirus?
La primera es la vía principal de transmisión. En el hantavirus, el contagio humano suele producirse al inhalar partículas contaminadas procedentes de orina, heces o saliva de roedores infectados. En la COVID, la transmisión respiratoria entre personas fue el elemento central de la expansión.
R: Hay varias diferencias.
La segunda es la facilidad de transmisión entre humanos. El SARS-CoV-2 se transmitía de forma muy eficiente en la comunidad. El virus Andes no tiene ese patrón. Puede transmitirse entre personas, pero la evidencia habla de contacto estrecho y prolongado, no de transmisión comunitaria fácil.
La tercera es el reservorio animal. El ECDC señala que el reservorio natural del virus Andes no está presente en Europa, por lo que no se espera que se introduzca en poblaciones de roedores europeas ni que genere aquí una cadena ambiental comparable a la de zonas endémicas de Sudamérica.
Dicho de forma sencilla: esto no se parece epidemiológicamente a la COVID, aunque la palabra “virus”, el crucero y las cuarentenas activen recuerdos muy comprensibles en la población.
P4. Hay fallecidos. ¿Cómo se puede decir al mismo tiempo que el riesgo para la población es bajo?
R:Porque una enfermedad puede ser grave para el paciente individual y, al mismo tiempo, tener baja capacidad de propagación poblacional.
Ese es uno de los matices que más cuesta transmitir. El hantavirus puede causar un cuadro cardiopulmonar grave, con fiebre, malestar, síntomas digestivos y después una evolución rápida a dificultad respiratoria, neumonía, shock o necesidad de UCI. La OMS señala que los casos graves pueden requerir soporte intensivo y que no existe un antiviral específico aprobado para el síndrome cardiopulmonar por hantavirus.
Pero que una enfermedad sea grave no significa automáticamente que vaya a expandirse de forma masiva. Para evaluar el riesgo poblacional miramos otras variables: facilidad de contagio, tipo de contacto necesario, número de cadenas secundarias, existencia de transmisión comunitaria, capacidad de rastreo y medidas de aislamiento. En este caso, las autoridades sanitarias están aplicando vigilancia, aislamiento, pruebas diagnósticas, control de contactos y protocolos de desembarco.
Así que la respuesta madura es: gravedad clínica sí; alarma poblacional generalizada, no con los datos actuales.
P5. ¿Qué sabemos realmente sobre cómo pudo empezar el brote?
Lo que se está investigando es si hubo una exposición inicial en Sudamérica, antes de embarcar, y después una posible transmisión limitada dentro del barco.
La hipótesis que recoge el ECDC es que algunos pasajeros pudieron haberse expuesto al virus Andes durante su estancia en Argentina antes del embarque, donde el virus es endémico, y que posteriormente pudo haber transmisión a otros pasajeros en el crucero. Pero todavía hay aspectos bajo investigación: fuente exacta, cadena de transmisión, número real de casos y papel de la transmisión entre personas.
Es importante no inventar. Decir “fueron las ratas del barco” es una imagen muy potente, pero no es la hipótesis principal. El ECDC considera improbable la transmisión por exposición a roedores dentro del barco.
Aquí hay que comunicar con precisión: probable exposición inicial en zona endémica, investigación epidemiológica en curso y posible transmisión limitada entre contactos estrechos.
P6. La gente escucha “ratas”, “barco” y “virus” y se imagina una película. ¿Cuál es el mecanismo real de contagio desde un roedor?
R: El mecanismo más típico no es que una persona toque directamente la hez de un roedor y automáticamente enferme. Lo más habitual es que el virus llegue al ser humano por inhalación de partículas microscópicas. Te explico: Un roedor infectado elimina el virus por orina, heces o saliva. Ese material puede secarse. Si alguien barre en seco, mueve polvo, entra en un cobertizo, una zona rural, un almacén, un espacio mal ventilado o un entorno con presencia de roedores, esas partículas pueden aerosolizarse y ser inhaladas. La OMS describe precisamente la adquisición de la infección por contacto con orina, heces o saliva de roedores infectados o por superficies contaminadas, especialmente en entornos rurales, forestales, granjas o lugares con infestación.
Por eso una recomendación clásica es no barrer en seco zonas donde pueda haber excretas de roedores, ventilar bien y limpiar con métodos húmedos. No es una cuestión de pánico; es higiene ambiental y prevención básica.

P7. Después de la COVID, cualquier frase tranquilizadora de una autoridad sanitaria se recibe con sospecha. ¿Cómo debería comunicarse el riesgo para que la calma no parezca ocultación?
R: Con transparencia y rigor científico e informativo, no con paternalismo.
La población no necesita que le digan “no pasa nada”. Necesita que le expliquen cuatro cosas: qué sabemos, qué no sabemos, qué se está haciendo y qué tendría que cambiar para modificar la evaluación del riesgo. Esa es la diferencia entre tranquilizar y anestesiar.
Entiendo perfectamente que, cuando alguien escucha “serán pocos casos”, le venga a la cabeza el inicio de la COVID. Tenemos memoria colectiva. Pero precisamente por eso hay que comparar los datos, no los titulares. En este brote, Fernando Simón ha pedido calma y ha señalado que no cree que el hantavirus suponga un riesgo para España por su forma concreta de transmisión. Esa idea es coherente con la evaluación de bajo o muy bajo riesgo expresada por OMS y ECDC, pero la comunicación debe ir acompañada de datos, protocolos y actualizaciones claras. El humor español, se ha hecho eco de su frase y de su relato en el COVID y han surgido los memes virales y el ruido mediático. Hay que mandar un mensaje claro y documentado a la población desde todas las instituciones y estamentos. La ciudadanía debe estar bien informada y no sembrar el miedo infundado. Y aquí podemos permitirnos un poco de humor responsable: no todo barco con virus es el tráiler de una nueva temporada de pandemia. A veces es un brote grave, bien delimitado, que exige ciencia, coordinación y serenidad.
P8. ¿Qué señales deberían vigilar las personas que hayan podido estar expuestas y qué no debería preocupar a la población general?
Lo primero es definir bien “persona expuesta”. No hablamos de cualquier ciudadano. Hablamos de pasajeros, tripulación, contactos estrechos, personal sanitario implicado, personas que hayan convivido con casos sospechosos o confirmados, o viajeros con exposición reciente a zonas endémicas con posible contacto con roedores.
Los síntomas que deben vigilarse son fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares, síntomas digestivos como náuseas, vómitos o diarrea, tos, dificultad respiratoria o sensación de empeoramiento rápido. La OMS indica que los síntomas suelen aparecer entre dos y cuatro semanas tras la exposición, aunque pueden aparecer desde una semana hasta ocho semanas. En el contexto actual, la OMS recomienda vigilancia activa de síntomas durante 45 días para pasajeros y tripulación.
Para la población general, sin exposición de riesgo, no tiene sentido entrar en autodiagnóstico ni convertir cada fiebre o cada tos en hantavirus. La clave es síntomas compatibles más antecedente epidemiológico.
P9. ¿Qué tendría que pasar para que este brote dejara de considerarse de bajo riesgo?
Tendrían que aparecer señales epidemiológicas nuevas.
Por ejemplo: casos secundarios sin contacto estrecho conocido, cadenas de transmisión fuera del barco, transmisión comunitaria sostenida, aumento inesperado de casos en diferentes países sin vínculo claro, evidencia de mayor transmisibilidad o fallo en la identificación y aislamiento de contactos. También sería relevante si se documentara exposición ambiental nueva en territorios donde no se esperaba.
Ahora mismo, el ECDC considera que incluso si hubiera transmisión desde pasajeros evacuados, el virus Andes no se transmite fácilmente y es improbable que cause muchos casos o un brote comunitario amplio si se aplican medidas de prevención y control. Además, el reservorio natural del virus Andes no está presente en Europa.
Por tanto, el mensaje no es “imposible”. En salud pública conviene no usar absolutos. El mensaje correcto es: con la evidencia actual, el escenario de transmisión amplia es improbable.
P10. ¿Cómo puede distinguir la población entre información sanitaria fiable y ruido?
Yo usaría una regla muy sencilla: una información fiable no solo dice “qué ha pasado”; también dice de dónde sale el dato, en qué fecha está actualizado, qué está confirmado, qué es sospechoso y qué sigue investigándose.
Hay que desconfiar de los titulares que mezclan “virus”, “muertos”, “crucero” y “pandemia” sin explicar el mecanismo de transmisión. También de los mensajes que convierten cualquier brote en munición política antes de explicar el riesgo sanitario. Y, por supuesto, de cadenas de WhatsApp, vídeos virales sin fuente o gráficos que no citan organismos oficiales.
Las fuentes más prudentes en este caso son OMS, ECDC, Ministerio de Sanidad, autoridades de salud pública nacionales y literatura científica revisada. El ECDC, por ejemplo, insiste en que la comunicación de riesgo debe adaptarse a los distintos grupos y explicar claramente qué se sabe, qué no se sabe y qué puede cambiar según avance la investigación.
La población no necesita miedo. Necesita criterio.
P11. Usted, además de farmacéutica, es empresaria y trabaja en proyectos de consultoría de inteligencia artificial. ¿Qué papel puede desempeñar la IA en situaciones como esta desde el punto de vista político, sanitario y ciudadano?
La inteligencia artificial puede tener un papel muy destacado, siempre que se utilice con rigor, gobernanza y supervisión humana. No sustituye al epidemiólogo, al clínico ni al farmacéutico. Pero puede ayudar a que la información llegue antes, mejor ordenada y con menos ruido.
Desde el punto de vista sanitario, la IA puede ayudar a analizar grandes volúmenes de información: notificaciones clínicas, datos de laboratorio, noticias abiertas, informes oficiales, evolución de síntomas, movilidad, contactos y señales tempranas. La OMS ya utiliza sistemas de inteligencia epidémica de fuentes abiertas, como EIOS, que incorporan IA para detectar y analizar amenazas sanitarias casi en tiempo real.
Desde el punto de vista político, la IA puede ayudar a tomar decisiones más transparentes: escenarios de riesgo, simulación de necesidades hospitalarias, logística de evacuación, priorización de recursos, comunicación segmentada por grupos de riesgo y detección temprana de desinformación. Pero hay una condición: la IA debe estar al servicio de la evidencia, no de la propaganda.
«La IA, para que nos entiendan los ciudadanos, es un algoritmo con capacidad predictiva, por tanto, es ahí donde podemos ganar tiempo y anticipar acontecimientos que nos permitan tomar decisiones acertadas y prevenir riesgos«.
Desde el punto de vista ciudadano, puede traducir informes técnicos a lenguaje claro, generar materiales divulgativos, responder preguntas frecuentes, detectar bulos y ayudar a que la población entienda la diferencia entre riesgo individual, riesgo colectivo y medidas de prevención. Ahora bien, el CDC recuerda algo esencial: la IA generativa debe usarse como herramienta de apoyo para redactar, resumir o sintetizar, pero no como autoridad final; debe haber revisión humana siempre, validación, integridad científica y control de errores.
Ahí es donde creo que perfiles híbridos aportan mucho valor: sanitarios que entienden la ciencia, pero también las herramientas digitales, la comunicación y la toma de decisiones. La IA bien usada puede reducir ruido; mal usada puede amplificarlo. La diferencia está en quién la dirige, con qué datos y con qué responsabilidad.
P12. Si tuviera que dejar un mensaje final a la ciudadanía, sin alarmismo pero sin minimizar la situación, ¿Cuál sería?
Diría esto: «Informar sí, alarmar no«.
Estamos ante un brote que debe tomarse en serio, porque el hantavirus puede causar enfermedad grave. Pero con la evidencia actual no estamos ante otro COVID ni ante una amenaza descontrolada para la población general.
Lo responsable es seguir los datos oficiales, entender el mecanismo real de transmisión, vigilar a las personas con exposición de riesgo y evitar que el miedo sustituya al conocimiento.
La salud pública necesita ciencia, transparencia y calma. Y también necesita profesionales que traduzcan lo complejo sin simplificarlo mal. Porque cuando la información se explica bien, la población no entra en pánico: entiende, decide mejor y confía más.
“No todo virus grave tiene potencial pandémico. El virus Andes exige vigilancia, protocolos y rigor, pero no miedo indiscriminado. La mejor vacuna contra la alarma social es una información bien explicada.” Concluye Mercedes Usero Fabra
